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hurlingham, 13 de julio de 2008
Platos rotos (entre la espada y la pared)
Como hago casi siempre que subo un nuevo artículo a este blog, la vez pasada envié un correo electrónico de actualización a cada una de mis relaciones con motivo del post sobre Heráclito. Uno de los destinatarios de dicho e-mail me respondió: “El país se incendia y vos delirando sobre filosofía...” Y el tipo no hacía referencia sólo a la quema de pastizales no sé dónde, que nuevamente ha sumido en la humareda a buena parte del conurbano.
Ignoro si está bien o mal reflexionar sobre filosofía, agujeros negros y el destino del universo en tiempos de crisis, de verdad no lo sé (si es que una cosa no impide la otra); pero por las dudas acepto el desafío, recojo el guante y paso a explayarme sobre el ítem en cuestión. Porque respecto a mí y sobre este asunto, sólo se trata de humo y no de tinieblas.
Ciertamente, esta crisis política y social derivada del enfrentamiento entre el gobierno K y la claque pejotista contra los ruralistas –pequeños, medianos y grandes– o viceversa, que lleva ya más de tres meses y cuya iniciativa oscila constantemente para uno y otro lado, parece amenazar con llevarse puesto a más de uno (políticamente hablando) pero finalmente no tiene más que una sola víctima: los trabajadores en su conjunto, las clase obrera y y los sectores medios de la sociedad que viven de su trabajo.
El tendal de inflación y desabastecimiento que deja como saldo la ‘batalla’ en curso, ha provocado un deterioro inusitado en los ingresos de la población y por lo tanto del nivel y calidad de vida de las mayorías. Somos los laburantes quienes pagamos los platos rotos de este entuerto cuyo botín alcanza unos cuantos miles de millones de dólares y de los cuales, ‘gane’ quien ‘gane’, no veremos un mango ni en figuritas.
La única verdad es que los capitalistas de uno y otro ‘bando’ pretenden ponernos entre la espada y la pared: o estás con quienes pretenden enriquecerse más todavía con tu hambre, es decir con los bajos salarios promovidos por el gobierno de los Kirchner y la devaluación sostenida por el Banco Central, por el Estado; o estás con ese gobierno y ese Estado que busca quedarse con una gran tajada de esa política conciente para luego –como viene haciendo hasta ahora– derramarla en subsidios destinados a otros sectores capitalistas y en beneficio de los acreedores externos.
A priori, parece no haber salida a la disyuntiva... Los medios y el aparato de propaganda estatal se encargan cotidianamente de que así parezca.
Buena parte de la sociedad se ha convencido: luchadores como Hebe de Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo (asociación + línea fundadora), pequetruchos como D’Elía (un verdadero matón paraestatal), Tumini y compañía, intelectuales bienpensantes, pequeñoburgueses partidarios de lo “políticamente correcto”, etc., apoyan sin reticencias la demagogia populista de Cristina y su marido, quienes prometen destinar esos miles de millones de las retenciones a hospitales, educación, etc., mientras pagaron, pagan y pagarán la deuda externa como ningún otro gobierno argentino y subsidian a los capitalistas industriales y de servicios para permitirles ganancias fabulosas a costa de nuestras penurias.
Por otro lado, los progres en su conjunto, la izquierda demócrata, estalinista y pseudotroska, los llamados movimientos sociales como el de Castells, buena parte de la clase media obediente de los medios, etc., han decidico encolumnarse tras ‘el campo’ so pretexto de apoyar a los pequeños chacareros... Estos pequeños chacareros, mientras tanto, ni cortos ni perezosos hacen polvo sus reclamos históricos (que al final eran verdaderamente pequeños) y sin sonrojarse se enrolan con los grandes productores, con los pools sojeros y con la Sociedad Rural (1).
Entre la espada y la pared, hay quien se postra o se convierte en ladrillo. Frente a dos políticas aparentemente contrapuestas que, cualquiera sea la ‘triunfadora’, sólo prometen mayores penurias para los laburantes, yo prefiero la salida a lo Almafuerte: no me doy por vencido ni aún vencido...
Opto por una salida política que varíe drásticamente las perversas reglas de este maldito juego: que toda esa guita producida por el pueblo trabajador (merced a la minimización de los salarios y de la calidad de vida vía devaluación del peso y demás) no vaya a las cuentas bancarias de los chacareros –grandes o pequeños con ínfulas de grandeza– ni para el FMI ni para el rescate de los capitalistas, sino para quienes la produjeron y producen mediante aumento general de salarios con un mínimo que cubra el costo de la canasta familiar y su actualización constante; no pago de la deuda externa y reinversión del excedente en salud y educación públicas bajo constrol de los trabajadores de estos servicios (médicos, enfermeros, maestros, auxiliares, etc.); reforma agraria y reparto de las tierras de los pools sojeros entre los campesinos sin tierra; nacionalización de los bancos y del comercio exterior.
A mi buen saber y entender, como quien diría, por ahí pasa la salida a la presente crisis. ¿Decís que a ninguno de los dos ‘bandos en pugna’ convence mi programa...? Y bué, será porque coinciden en algo fundamental: ese montón de guita será para el que será, pero nunca para nosotros, los laburantes. En eso están perfectamente de acuerdo; en ese punto hay armonía y, parafraseando al benemérito Heráclito, en esa armonía puede estar nuestra aniquilación.
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1. En momentos de crisis –dijo alguien que no recuerdo– pequeños y grandes capitalistas hacen a un lado sus reyertas y se encolumnan monolíticamente para quedarse con la renta nacional.
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